RAID no es backup. Un snapshot tampoco. Y un backup que nunca restauras es casi decoración. Esta es la separación mental que uso para no mezclar disponibilidad, vuelta atrás y recuperación real.
Uso zfs destroy con una rutina corta: listar, revisar dependencias, simular cuando se puede y borrar solo lo que entiendo. En ZFS, limpiar bien es tan importante como crear snapshots.
zfs clone convierte un snapshot en un dataset escribible. En Proxmox me sirve para pruebas rápidas, validaciones y migraciones pequeñas, pero siempre reviso de qué snapshot cuelga antes de borrar nada.
zfs snapshot no sustituye a un backup, pero me da un punto de vuelta local muy cómodo antes de tocar datasets ZFS. La clave está en nombrarlos bien, revisarlos y borrarlos cuando ya no hacen falta.
zfs rollback es útil cuando tienes claro el punto de vuelta y aceptas perder los cambios posteriores. No es un botón mágico de deshacer. En Proxmox conviene mirarlo dos veces antes de pulsar enter.
zfs diff no es magia y no sirve igual para todo, pero cuando tienes datasets de verdad te da una pista rápida de qué ha cambiado entre snapshots. Para mí es una herramienta de contexto antes de tocar nada serio.
Llevaba años oyendo que ZFS era la mejor decisión que podías tomar para el almacenamiento de tu homelab. Tardé demasiado en hacer el salto porque siempre me parecía que era demasiado complejo, que necesitaba hardware específico, que era “cosa de empresas”. Todo eso era mentira, pero entiendo por qué creí que era verdad.
La funcionalidad que me terminó de convencer fue los snapshots. Y este post es básicamente un argumento de por qué deberías conocerlos aunque ya tengas algún sistema de backup funcionando.