Autoalojar datos familiares tiene sentido cuando ganas control real sin convertirte en soporte 24/7. Este es mi filtro para no meter fotos, documentos y contraseñas en una aventura innecesaria.
Mover servicios entre servidores parece fácil hasta que aparecen volúmenes, DNS, bases de datos, rutas antiguas y dependencias invisibles. Esta es la forma tranquila en la que intento hacerlo en casa.
Documentar un homelab no va de hacer una wiki preciosa. Va de poder arreglar algo cuando estás cansado, saber qué depende de qué y no descubrir demasiado tarde que nadie apuntó dónde vivían los datos.
Paperless-ngx puede ser una de las mejores piezas de un homelab doméstico, pero solo si dejas de tratarlo como una demo bonita y empiezas a pensar en entrada, búsqueda, copias y recuperación.
La semana pasada publiqué la guía básica de Vaultwarden. Ahí contaba por qué me compensa más que seguir pagando un gestor alojado por otro y cómo dejarlo funcionando en poco tiempo. Esa parte está bien para arrancar, pero si te quedas ahí te falta lo importante.
Vaultwarden no es un servicio cualquiera. No es un dashboard más, ni un lector RSS, ni una app para ver métricas del NAS. Aquí vives con tus credenciales, tus notas seguras, tus TOTP y en muchos casos la puerta de entrada al resto del homelab. Si esto lo montas regular, el problema no es que falle una tarde. El problema es que estás haciendo malabares con la pieza más sensible de toda tu casa digital.
Hace unos meses me di cuenta de que subía documentos de trabajo a ilovepdf casi cada semana. Contratos, facturas, presupuestos. Todo pasando por servidores que no controlo. No es que sea un paranoico de la privacidad, pero hay cosas que preferirías no tener en servidores de terceros.
Así llegué a Stirling PDF. Lleva un tiempo en GitHub con bastante tracción, lo había visto mencionado en varios hilos de Reddit, y un día me senté a instalarlo. Lleva meses funcionando sin problemas y lo uso casi a diario. Esto es lo que he aprendido.
Tenía un sistema de cámaras de vigilancia barato conectado a una app del fabricante que guardaba las grabaciones en su nube. Funcionaba. Veía las notificaciones, podía revisar lo que había grabado, y en general hacía lo que prometía. El problema era que no sabía exactamente qué hacía el fabricante con esas grabaciones, la app dejó de funcionar bien después de una actualización, y cuando intenté exportar mis propias grabaciones resultó que el proceso era más complicado de lo razonable.
Dejé Dropbox después de que subieran el precio por tercera vez y la versión gratuita pasara a limitar el número de dispositivos. No fue una decisión difícil, pero sí me obligó a buscar una alternativa real, no solo otro servicio de nube con mejor precio.
La diferencia con lo que buscaba era simple: quería que mis archivos fueran de un dispositivo a otro directamente, sin pasar por un servidor de nadie. No porque tenga algo que ocultar, sino porque prefiero no depender de que una empresa decida cuánto cobrar el año que viene.
Tengo la tendencia de añadir servicios al homelab más rápido de lo que los documento. En algún momento dejé de saber de memoria qué estaba corriendo en qué servidor, en qué puerto, y con qué URL accedía a cada cosa. El día que quise mostrarle el homelab a un amigo me quedé en blanco intentando recordar la URL de Grafana.
Eso me llevó a buscar un dashboard. Probé cosas durante un tiempo, desde soluciones muy básicas (una página HTML estática con links) hasta Heimdall y Homer, que son los más conocidos. Heimdall tiene buena pinta pero me pareció demasiado manual. Homer es sólido pero vive en un YAML y cada cambio requiere editar el fichero y recargar.
Durante años fui usuario de Plex. Lo consideraba la solución definitiva para tener mi biblioteca de películas y series accesible desde cualquier dispositivo. Luego llegaron los cambios en las condiciones del servicio, la cuenta online obligatoria para acceder a tu propio servidor en red local, y la dirección cada vez más claramente orientada a convertirlo en otra plataforma de contenido de pago.
No digo que Plex sea malo. Sigue siendo muy bueno en muchas cosas. Pero cuando empecé a investigar alternativas, encontré Jellyfin y me di cuenta de que no necesito Plex para lo que yo hago.
Antes de Uptime Kuma, mi sistema de monitorización consistía en abrir el navegador, escribir la IP de cada servicio y ver si respondía. Funciona, pero está lejos de ser un sistema. Un día me enteré de que un servicio llevaba 14 horas caído porque nadie (yo incluido) lo había comprobado manualmente en ese tiempo.
Eso fue hace dos años. Desde entonces tengo Uptime Kuma corriendo en el homelab y me avisa antes de que yo me dé cuenta de que algo falla. Con cuarenta y tantos monitores configurados, es el servicio que más uso en el día a día aunque sea el que menos veo, precisamente porque cuando funciona bien no necesita atención.
Montar tu propio servidor de correo en casa es una de esas ideas que suenan increíbles a las dos de la mañana y bastante peores a las nueve de la mañana del día siguiente. Yo he estado en los dos estados mentales. Primero la ilusión de tener control total. Luego el baño de realidad cuando empiezas a pelearte con SPF, DKIM, DMARC, reputación IP, puertos bloqueados y filtros antispam que te miran con sospecha aunque no hayas hecho nada raro.