Hace unos días publiqué mi guía base de Tailscale. Ahí contaba por qué dejé de pelearme con WireGuard puro para el acceso diario al homelab. Esa parte sigue siendo cierta. Instalar Tailscale sigue siendo ridículamente fácil. Lo que ya no me parece tan sencillo es diseñarlo bien cuando tu red deja de ser cuatro cacharros y empieza a parecer una pequeña jungla.
Ese es el punto en el que casi todas las guías se quedan cortas. Te enseñan a hacer tailscale up, ves el dispositivo en el panel y te vienes arriba. Luego pasan dos semanas, quieres acceder a un switch que no puede instalar el cliente, quieres sacar internet por casa cuando estás de viaje, o decides que igual no te hace gracia que todos los nodos hablen con todos. Ahí empieza el trabajo real.
Tengo un Mac mini que uso como servidor principal. Está siempre encendido. Pero también tengo tres ZimaBoards que forman parte de mi cluster K3s. Esas máquinas consumen poco (10W cada una), pero cuando no las necesito, las apago. El problema: cuando las necesito, están en otro cuarto.
Podría levantarme, ir al cuarto, pulsar el botón de encendido. O podría enviar un paquete mágico por la red que las despierta automáticamente. Segundo escenario, por favor.
Tengo 6 servicios expuestos a Internet desde mi homelab. Cero puertos abiertos. HTTPS automático. Protección DDoS gratis. Todo con Cloudflare Tunnels. Te cuento cómo.
Tengo 40+ dispositivos en una red mesh con Tailscale. Cero puertos abiertos, cero mantenimiento, y accedo a todo mi homelab desde cualquier parte del mundo. Te cuento cómo.