Un homelab doméstico se desordena por cosas pequeñas: fuentes que cuelgan, cables sin nombre, discos sueltos y adaptadores que desaparecen. La impresión 3D ayuda mucho si se usa con criterio.
Un homelab crece muy fácil por entusiasmo y muy mal por inercia. Este es el repaso que hago cuando quiero separar lo útil de lo que solo ocupa electricidad, puertos y cabeza.
Durante mucho tiempo pensé que los racks de 19 pulgadas eran la única solución seria para organizar un homelab. Luego miré los precios. Un rack de pared de 6U de marca decente ronda los 80-120 euros, los panels ciegos son absurdamente caros para lo que son, y los soportes específicos para mini PCs o SBCs te los inventas tú porque nadie los fabrica.
O te los imprimes.
Hace dos años tenía mi homelab montado en dos estantes de madera de Ikea. Los Minisforum apilados con separadores de goma. Los ZimaBoard colgando de sus propios cables. Un Switch TP-Link en equilibrio sobre lo que pillase. Funcionaba, pero era un desastre visual y también práctico, porque cuando tenía que revisar algo físicamente perdía cinco minutos identificando qué cable iba a qué máquina.