Un backup que nunca has restaurado es una promesa. A veces cumple, a veces no. Esta es la prueba sencilla que uso para saber si podría recuperar lo importante sin improvisar en mitad del incendio.
Hay una clase de problemas en Proxmox que no empieza con un error rojo. Empieza con una decisión pequeña tomada demasiado rápido. Subir RAM a una VM sin mirar cómo está definida. Reiniciar un nodo pensando que no vive nada importante ahí. Mover un disco entre storages sin comprobar snapshots, bus, guest agent o espacio real. Entrar en un LXC como si fuera una VM pequeña y olvidar que comparte más de lo que parece con el host.
Un cluster Proxmox con mini PCs puede ser una maravilla o una fábrica de pequeñas averías. La diferencia está menos en Proxmox y más en las decisiones que tomas antes de instalarlo.
Hay una escena bastante común en un homelab con Proxmox. Abres el panel, algo tarda más de la cuenta, una consola no entra, una tarea se queda rara o un nodo aparece con datos que no parecen frescos. La tentación es culpar a la web. Total, es lo que tienes delante.
Yo intento no hacerlo. El panel de Proxmox es solo la cara visible de varias piezas distintas. Puede fallar el acceso HTTP y el cluster seguir bien. Puede cargar la web y estar pmxcfs medio tocado. Puede ir todo bien en apariencia y tener pvedaemon tragándose errores justo debajo.
Un homelab crece muy fácil por entusiasmo y muy mal por inercia. Este es el repaso que hago cuando quiero separar lo útil de lo que solo ocupa electricidad, puertos y cabeza.
Proxmox, Unraid y TrueNAS no compiten exactamente por lo mismo. El error típico es pedirle a uno que haga el trabajo del otro y luego culpar al software.
La alta disponibilidad en casa suena preciosa hasta que descubres que también duplica mantenimiento, consumo y formas raras de romper cosas. Esta es mi línea roja.
Hay una mentira muy cómoda en los homelabs: “es solo un laboratorio”. Suena bien hasta que el laboratorio también lleva el DNS de casa, las fotos familiares, el gestor de contraseñas, Home Assistant, las copias de seguridad y el panel donde miras si algo se ha caído. En ese momento ya no es solo un laboratorio. Es producción doméstica con pegatinas de hobby.
A mí me costó asumirlo. Durante mucho tiempo metí servicios serios y pruebas en el mismo saco porque técnicamente podía hacerlo. Proxmox lo aguanta, Docker lo aguanta, un mini PC moderno lo aguanta casi todo si no te vienes arriba. El problema no es si la máquina puede. El problema es si tú puedes mantenerlo sin convertir cada prueba de domingo en una ruleta rusa para la casa.
Uso zfs rename con mucha más calma de la que sugiere el comando. Cambiar el nombre de un dataset es fácil. No romper referencias de Proxmox es la parte importante.
Uso zfs unmount cuando un dataset de ZFS no debería seguir montado o cuando necesito limpiar un punto de montaje raro. La clave está en mirar dependencias antes, no en forzar por orgullo.
Uso zfs mount para comprobar datasets ZFS que no se montan, rutas vacías y servicios que arrancan antes de que sus datos aparezcan. Es menos vistoso que culpar a Docker, pero funciona mejor.