Hay una fase muy concreta en cualquier homelab con Proxmox en la que uno se viene arriba. Montas el cluster, ves los nodos juntos en la interfaz, pruebas una migración y piensas que ya está, que lo serio era llegar hasta ahí. Luego pasan unas semanas, metes más carga, empiezas a mover backups, storage, tráfico de servicios, alguna copia pesada, algún reinicio tonto de switch, y descubres la parte menos sexy del asunto. El cluster no vive de la ilusión. Vive de red estable.
Hay un punto en todo homelab un poco serio en el que un solo servidor deja de tener gracia. No porque no sirva, sino porque se convierte en un cuello de botella para todo. Mantenimiento, pruebas, reinicios, cambios de disco, errores tontos, ganas de experimentar. De repente cualquier cosa toca demasiado. Ahí es donde un cluster de Proxmox empieza a tener sentido.
Yo llevo tiempo con un cluster pequeño de tres nodos y la experiencia me ha convencido de algo bastante concreto. Para casa, tres mini PCs bien elegidos me parecen una de las mejores formas de entrar en clustering de verdad sin irte al absurdo del rack enterprise ni al caos de reciclar hardware que nunca quiso trabajar junto.
Llevo tres años cambiando de hardware homelab y cometiendo los mismos errores que todos al principio. Empecé con una Raspberry Pi, di el salto a un PC viejo de torre, y después de varios recorridos y facturas de luz más altas de lo que me esperaba, llegué a los mini PCs. Hoy mi homelab principal corre sobre un Minisforum MS-01 y un par de nodos más pequeños, y estoy razonablemente contento.
El ZimaBoard 2 prometía ser el SBC perfecto para homelabs. Lo tenemos en producción 24/7 desde hace meses, y no todo es tan bonito como en los vídeos de YouTube.