Muchas averías del homelab no empiezan en Proxmox, Docker ni el NAS. Empiezan en un móvil agarrado a un punto de acceso lejano, un backhaul débil o una zona de casa donde el WiFi llega con mala leche.
Una red doméstica con homelab no tiene que parecer la de una oficina. Tiene que proteger lo importante, dejar respirar a la familia y permitir cacharrear sin que una bombilla o una prueba de laboratorio tire abajo medio día.
Separar invitados e IoT tiene sentido, pero una red doméstica demasiado lista puede acabar siendo peor que una red simple. Esta es mi forma de plantearlo sin romper impresoras, móviles, domótica ni paciencia.
Separar la red de casa no va de hacer un diagrama bonito. Va de que una prueba rara no pueda romper el WiFi, las cámaras, el DNS o los servicios que usa la familia.