Tengo un cajón de despacho que durante años fue la representación física del caos. Cables USB de todas las épocas, tornillos de tamaño desconocido, adaptadores de dudosa procedencia, baterías que igual están cargadas o igual llevan vacías desde 2021. Cada vez que necesitaba algo concreto tardaba cinco minutos en buscarlo y otros cinco en recordar que no estaba ahí.
Probé cajas de plástico compradas. Probé divisores de cajón de bambú. Probé sobres de plástico etiquetados. Todo funcionaba más o menos hasta que movía una cosa y el resto quedaba desordenado.
Antes de comprar la Prusa Core One, pasé semanas mirando la Bambu Lab A1. Casi la compro. Al final no lo hice, pero no porque la Bambu sea mala, sino porque mis prioridades eran distintas a las de mucha gente. Desde entonces he tenido oportunidad de comparar las dos de cerca y puedo contarte lo que realmente diferencia a una de la otra.
Si estás en el dilema típico de 2026, “Bambu o Prusa”, este artículo es lo que yo habría querido leer antes de decidir.
Llevo meses usando Klipper en vez del firmware de fábrica. La diferencia en calidad de impresión y velocidad es real. Te cuento el proceso de instalación, qué ganás y qué perdes.
Antes de tener OctoPrint, mi relación con la impresora 3D era físicamente exigente. Copiar el archivo en una tarjeta SD, llevarla a la impresora, insertarla, navegar los menús con la ruedecita, iniciar la impresión, y quedarte cerca por si algo iba mal. Si necesitabas cancelar o ajustar algo, tenías que ir hasta la máquina.
Ahora inicio impresiones desde el sofá, veo la webcam en tiempo real, recibo notificaciones cuando algo falla, y el historial de impresiones está en un servidor de mi red local. Eso es lo que hace OctoPrint.