Uso Cerebro cada día para que mis asistentes consulten información y escriban en mi repositorio de Logseq. Con ChatGPT dots, parte de ese trabajo ocurre por voz, cuando vuelvo a casa en el coche.
Cuando vuelvo a casa en el coche, hablo con ChatGPT dots. Va consultando las cosas y escribiendo en mi repositorio de Logseq mientras avanzamos en la conversación. Hacemos trabajo real. Es el ejemplo que mejor explica para qué me sirve Cerebro.
Este no es un post de teoría sobre IA. Es lo que realmente tengo montado, lo que ha funcionado, lo que no, y por qué creo que la forma en que muchas empresas están aproximándose a los agentes de IA está mal planteada.
Contexto: gestiono la distribución de varias marcas de cosmética de lujo en España. Marcas con catálogos grandes (cientos de productos), terminología muy específica (ingredientes activos, protocolos de tratamiento, formaciones de terapeuta), y materiales que constantemente hay que adaptar: manuales, fichas de producto, presentaciones para clientes, contenido para redes sociales.
Un agente de IA que monitoriza tu infraestructura, revisa el email y ejecuta comandos en tu clúster K3s. Sin SaaS, sin datos que salen de tu red. Esto es lo que monté y lo que aprendí tras meses usándolo.
¿Puedes tener un ChatGPT privado en tu homelab? Sí. ¿Es igual de bueno? No. ¿Merece la pena? Depende. Te cuento mi experiencia real después de meses usándolo.