No todo homelab necesita Prometheus, Grafana, Loki y alertas para cada estornudo. A veces Uptime Kuma y Beszel cubren el 80 por ciento con mucha menos carga mental.
Ansible puede ser una maravilla en casa, pero también una capa de burocracia para cinco servidores que cambian cada semana. La clave está en automatizar lo aburrido, no todo.
Home Assistant puede ser el servicio más agradecido del homelab o el más incómodo si lo montas como laboratorio permanente. En cuanto afecta a la familia, hay que cambiar el chip.
Hay una clase de problemas en Proxmox que no empieza con un error rojo. Empieza con una decisión pequeña tomada demasiado rápido. Subir RAM a una VM sin mirar cómo está definida. Reiniciar un nodo pensando que no vive nada importante ahí. Mover un disco entre storages sin comprobar snapshots, bus, guest agent o espacio real. Entrar en un LXC como si fuera una VM pequeña y olvidar que comparte más de lo que parece con el host.
Un cluster Proxmox con mini PCs puede ser una maravilla o una fábrica de pequeñas averías. La diferencia está menos en Proxmox y más en las decisiones que tomas antes de instalarlo.
Hay una escena bastante común en un homelab con Proxmox. Abres el panel, algo tarda más de la cuenta, una consola no entra, una tarea se queda rara o un nodo aparece con datos que no parecen frescos. La tentación es culpar a la web. Total, es lo que tienes delante.
Yo intento no hacerlo. El panel de Proxmox es solo la cara visible de varias piezas distintas. Puede fallar el acceso HTTP y el cluster seguir bien. Puede cargar la web y estar pmxcfs medio tocado. Puede ir todo bien en apariencia y tener pvedaemon tragándose errores justo debajo.
Un homelab crece muy fácil por entusiasmo y muy mal por inercia. Este es el repaso que hago cuando quiero separar lo útil de lo que solo ocupa electricidad, puertos y cabeza.
Separar la red de casa no va de hacer un diagrama bonito. Va de que una prueba rara no pueda romper el WiFi, las cámaras, el DNS o los servicios que usa la familia.