Uso Cerebro cada día para que mis asistentes consulten información y escriban en mi repositorio de Logseq. Con ChatGPT dots, parte de ese trabajo ocurre por voz, cuando vuelvo a casa en el coche.
Cuando vuelvo a casa en el coche, hablo con ChatGPT dots. Va consultando las cosas y escribiendo en mi repositorio de Logseq mientras avanzamos en la conversación. Hacemos trabajo real. Es el ejemplo que mejor explica para qué me sirve Cerebro.
Mi clúster principal tiene ahora tres R630 y tres Minisforum: MS-01, MS-02 y MS-A2. Reutilicé equipos que ya tenía para reducir ruido y ganar espacio. Sigo echando de menos iDRAC.
Llegué a tener nueve equipos en el despacho de casa. Había ruido, calor y más máquinas de las que quería mantener allí. Entre ellas estaban los Minisforum que después llevé a la oficina. Pude probar el cambio aprovechando esos tres equipos.
Un disco de sistema dejó uno de mis tres nodos fuera de servicio. Lo sustituimos, reinstalamos Harvester y recuperamos el almacenamiento. La parte que más me interesa es que el diagnóstico general de SMART seguía dando el disco por bueno.
El SSD decía «PASSED». El sistema de archivos estaba en solo lectura y el nodo había dejado de responder como debía. Las dos cosas aparecían en el mismo diagnóstico. Con ese contraste empezó la recuperación de mi clúster Harvester.
Una cuenta de Oracle que ya tenía abierta, un servidor con Ubuntu y unos 15 minutos. Eso fue lo que necesité para montar un exit node de Tailscale en San José, con Codex encargándose de la clave SSH y de la configuración. El motivo inicial fue probar dots de ChatGPT. El montaje que quedó sirve para algo más duradero: tener mi propio punto de salida a internet.
De querer probar dots a montar un Ubuntu # OpenAI presentó dots el 29 de septiembre de 2026. Son agentes que trabajan de forma continua, con su propio entorno en la nube, y quise probarlos. De ahí salió la idea de montar un servidor de Oracle en Estados Unidos con Ubuntu y Tailscale.
En homelab-es probamos umbrelOS 2.0.0 como NAS doméstico sencillo. Compartimos archivos, retiramos un disco y recuperamos un borrado. El escritorio convence, pero la recomendación necesita algo más que una interfaz bonita.
Quieres abrir una carpeta con fotos. Nada más. En un homelab es fácil que una tarea así termine pasando por un panel, un contenedor y el nombre del servicio que lo gestiona. Administrar también tiene su gracia. Pero cuando buscas una imagen, prefieres llegar a ella.
Fecha de corte: 23 de septiembre de 2026. Portainer 3.0 está anunciado, pero todavía no publicado. La última versión estable oficial es 2.45.1 LTS, publicada el 17 de septiembre. La política de ciclo de vida de Portainer sitúa 3.0 STS como previsión para octubre.
Usé Portainer durante mucho tiempo, aunque sus menús siempre me parecieron algo liosos. Me gustaba lo que podía hacer con él, pero no siempre cómo estaba organizado. Tener Docker, Podman y Kubernetes en un mismo lugar sigue pareciéndome uno de sus grandes aciertos. Cuando quieres administrar entornos distintos, hay mucho valor en no tener que cambiar de herramienta para cada uno.
Mover servicios entre servidores parece fácil hasta que aparecen volúmenes, DNS, bases de datos, rutas antiguas y dependencias invisibles. Esta es la forma tranquila en la que intento hacerlo en casa.
Documentar un homelab no va de hacer una wiki preciosa. Va de poder arreglar algo cuando estás cansado, saber qué depende de qué y no descubrir demasiado tarde que nadie apuntó dónde vivían los datos.
Hay una fase bastante común en cualquier homelab. Empiezas con un mini PC, un NAS viejo o una Raspberry Pi. Todo parece razonable. Luego añades otro nodo porque quieres probar Proxmox. Después cae un switch mejor, un SAI, un par de SSDs, quizá un servidor más gordo para almacenamiento o IA local. Un día miras el rack, escuchas el zumbido de fondo y te haces la pregunta incómoda: cuánto cuesta tener todo esto encendido todo el día.
Hay días en los que Proxmox te mira con cara de niño bueno. Todo verde, ninguna alarma fea, la interfaz carga rápido y uno empieza a pensar que quizá hoy sí puede tocar cosas sin pagar peaje. A mí ese momento me da exactamente la reacción contraria. Cuando un cluster parece demasiado tranquilo, me obligo a revisar lo básico antes de hacer nada que pueda mover piezas importantes.
Lo digo porque ya he aprendido que el desastre raro casi nunca empieza con una explosión cinematográfica. Empieza con una confianza tonta. Un reinicio que parecía inocente. Una actualización lanzada deprisa. Una VM que mueves de nodo porque sí. Dos minutos después estás preguntándote por qué HA no se comporta como esperabas o por qué Corosync decide ponerse estupendo justo hoy.