Separar invitados e IoT tiene sentido, pero una red doméstica demasiado lista puede acabar siendo peor que una red simple. Esta es mi forma de plantearlo sin romper impresoras, móviles, domótica ni paciencia.
Separar la red de casa no va de hacer un diagrama bonito. Va de que una prueba rara no pueda romper el WiFi, las cámaras, el DNS o los servicios que usa la familia.
Una red de homelab tiene que proteger la casa sin complicarle la vida a la casa. Esta es la separación que sí haría y la que me parece postureo peligroso.
Durante años usé el router que me dio mi ISP. Un Huawei cualquiera que hacía lo básico: NAT, DHCP, WiFi malo. Funcionaba.
Cuando empecé a montar el homelab en serio, ese router se quedó corto. Quería VLANs, VPN, IDS/IPS, control granular de tráfico. El Huawei no podía con eso.
Tenía dos opciones: pfSense o OPNsense. Leí 40 comparativas. Todas decían cosas diferentes. Al final probé los dos.
Durante 6 meses tuve pfSense en producción. Luego otros 6 meses OPNsense. Ahora uso OPNsense y no pienso volver.
Tengo 47 dispositivos conectados a mi red. Entre servidores, móviles, tablets, bombillas Hue, enchufes inteligentes, impresoras, la TV… es un caos. Y hasta hace un mes, todos estaban en la misma red. Todos podían verse entre sí.
Eso incluye la bombilla del salón pudiendo hablar con mi Synology donde guardo contratos y documentos fiscales. No es que la bombilla vaya a hackearme, pero el firmware lo fabrica una empresa china que nunca ha oído hablar de actualizaciones de seguridad.