Un homelab parece ordenado hasta que apagas un servidor y descubres que medio salón dependía de él. Este es el mapa sencillo que uso para saber qué se cae, qué se degrada y qué no debería importar.
Un runbook casero no tiene que parecer documentación de empresa. Tiene que salvarte cuando DNS no resuelve, el backup falla o una VM crítica no arranca y tú no estás para pensar fino.
Documentar un homelab no va de hacer una wiki preciosa. Va de poder arreglar algo cuando estás cansado, saber qué depende de qué y no descubrir demasiado tarde que nadie apuntó dónde vivían los datos.