Versionar configuraciones en un homelab tiene sentido cuando ayuda a reconstruir, auditar y tocar menos de memoria. La clave está en no meter secretos, no automatizar a ciegas y no convertir cada cambio pequeño en un ritual.
Portainer lo usé durante un par de años. Es una herramienta sólida, madura, y que hace cosas que Dockge no hace, como gestionar Kubernetes, gestionar nodos Docker Swarm, o tener control de acceso por roles. Si gestionas infraestructura de empresa o un cluster complejo, tiene sentido.
En un homelab personal, sin embargo, Portainer me empezó a resultar pesado. No por los recursos, que son mínimos, sino por el modelo mental. Portainer quiere gestionar tus contenedores, tus redes, tus volúmenes, tus imágenes. Tiene su propia capa de abstracción por encima de Docker. Y cuando algo no va como esperas, a veces es difícil saber si el problema está en tu configuración, en Portainer, o en Docker.