Llevaba años oyendo que ZFS era la mejor decisión que podías tomar para el almacenamiento de tu homelab. Tardé demasiado en hacer el salto porque siempre me parecía que era demasiado complejo, que necesitaba hardware específico, que era “cosa de empresas”. Todo eso era mentira, pero entiendo por qué creí que era verdad.
La funcionalidad que me terminó de convencer fue los snapshots. Y este post es básicamente un argumento de por qué deberías conocerlos aunque ya tengas algún sistema de backup funcionando.
Perdí tres meses de trabajo una vez. No en un homelab, en un servidor de producción, pero la lección se me quedó grabada. Desde entonces tengo una regla no negociable: si no hay backup verificado, no existe.
Durante mucho tiempo usé las snapshots de Proxmox como backup. Es cómodo y rápido, pero es una trampa. Las snapshots viven en el mismo almacenamiento que las VMs. Si falla el disco, pierdes las VMs y las snapshots de golpe. Eso no es un backup, es una ilusión de seguridad.
Voy a empezar por el final: perdí datos. No una vez, dos veces.
Primera vez, 2022: un disco del NAS palmó. Pensaba que RAID 1 era backup. No lo es. Perdí 6 meses de fotos familiares porque el segundo disco falló 48 horas después del primero (RAID failure correlacionado, mismo lote de discos).
Segunda vez, 2024: actualización de Proxmox que se fue al carajo. Recreé las VMs desde cero, pero perdí configuraciones de servicios que no había documentado. 3 días de trabajo para volver a tener todo funcionando.