Actualizar no termina cuando el comando acaba. Termina cuando sabes que lo importante sigue respondiendo. Estas son las pruebas simples que automatizo para no descubrir fallos al día siguiente.
Actualizar contenedores automáticamente suena cómodo hasta que rompe algo que usa la casa. Mi enfoque: automatizar lo de bajo riesgo, revisar lo crítico y tener una política simple antes de tocar nada.
Hay comandos que parecen un trámite y luego están los que te evitan una noche de mierda. pveversion -v está en el segundo grupo.
Yo lo uso antes de actualizar un nodo Proxmox, antes de reiniciarlo y también cuando algo ya huele raro y quiero saber si el problema viene de una capa más aburrida de lo que me gustaría admitir. Porque sí, en homelab nos encanta echarle la culpa a Ceph, a Corosync, al storage compartido o a esa VM caprichosa que siempre aparece en el momento menos elegante. Pero muchas veces el drama empieza antes, en algo tan poco glamuroso como una versión que no cuadra, un kernel viejo todavía dando vueltas o un paquete medio roto que nadie miró con calma.
Durante un tiempo usé Watchtower para mantener los containers actualizados. Lo configuré en modo auto-update y durante unos meses fue perfecto. Luego un día me encontré con que un container había actualizado automáticamente a una versión que tenía un breaking change y me rompió el servicio.
Desde ese día tengo una política diferente: quiero saber que hay una actualización antes de aplicarla, no que se aplique sola. What’s Up Docker (WUD) cubre exactamente ese caso. Monitoriza tus containers, detecta cuando hay nuevas versiones, y te avisa. Tú decides cuándo y si actualizar.