Llevo años usando Pi-hole en mi red doméstica y es una de esas cosas que instalas una vez y te preguntas cómo vivías sin ella. Ver cómo desaparecen los anuncios de todos los dispositivos conectados (móviles, tablets, smart TVs) sin tocar nada en ellos es satisfactorio. Y cuando le añades Unbound como DNS recursivo, conviertes tu homelab en una fortaleza de privacidad.
Esta guía nace de mi experiencia real. He pasado por varios despliegues de Pi-hole (en Raspberry Pi, en containers Docker, en VMs) y he cometido todos los errores posibles. Aquí te cuento lo que funciona.
Tengo un Mac mini que uso como servidor principal. Está siempre encendido. Pero también tengo tres ZimaBoards que forman parte de mi cluster K3s. Esas máquinas consumen poco (10W cada una), pero cuando no las necesito, las apago. El problema: cuando las necesito, están en otro cuarto.
Podría levantarme, ir al cuarto, pulsar el botón de encendido. O podría enviar un paquete mágico por la red que las despierta automáticamente. Segundo escenario, por favor.
Llevo casi dos años con Home Assistant corriendo en mi homelab y es una de las cosas que más uso cada día. No es la instalación más compleja que tengo (ese premio se lo lleva el cluster de Kubernetes), pero es la que más impacto tiene en mi vida diaria.
La diferencia entre tener cacharros “inteligentes” sueltos por casa y tener Home Assistant es brutal. Pasas de 47 apps diferentes que medio funcionan a tener todo en un solo sitio. Y lo mejor: cuando Philips o Samsung decidan que tu bombilla o tu enchufe “ya no son compatibles”, te da igual. Home Assistant seguirá funcionando.
Voy a empezar por el final: perdí datos. No una vez, dos veces.
Primera vez, 2022: un disco del NAS palmó. Pensaba que RAID 1 era backup. No lo es. Perdí 6 meses de fotos familiares porque el segundo disco falló 48 horas después del primero (RAID failure correlacionado, mismo lote de discos).
Segunda vez, 2024: actualización de Proxmox que se fue al carajo. Recreé las VMs desde cero, pero perdí configuraciones de servicios que no había documentado. 3 días de trabajo para volver a tener todo funcionando.
Tengo 47 dispositivos conectados a mi red. Entre servidores, móviles, tablets, bombillas Hue, enchufes inteligentes, impresoras, la TV… es un caos. Y hasta hace un mes, todos estaban en la misma red. Todos podían verse entre sí.
Eso incluye la bombilla del salón pudiendo hablar con mi Synology donde guardo contratos y documentos fiscales. No es que la bombilla vaya a hackearme, pero el firmware lo fabrica una empresa china que nunca ha oído hablar de actualizaciones de seguridad.
Llevo dos años pagando GitHub Pro. 4$ al mes. No es mucho dinero pero me molestaba. No porque sea caro, sino porque estaba pagando por algo que podía tener en mi homelab. Repos privados ilimitados, CI/CD, wikis, issues… todo corriendo en 200MB de RAM.
En diciembre monté Gitea y migré todos mis repos. No he vuelto a GitHub para proyectos personales.
Por qué self-hostear Git # GitHub está bien. Es rápido, fiable, todo el mundo lo conoce. Pero tiene varios problemas si trabajas en proyectos personales o internos de empresa:
Mi servidor Plex llevaba meses quejándose. Tres streams simultáneos y el pobre Xeon E3-1230v3 se ponía a 80% de CPU, el ventilador sonaba como un reactor nuclear y empezaban los tirones. Si alguien intentaba ver una película 4K, ni te cuento.
Sabía que la solución era transcodificación por hardware, pero tardé semanas en configurarlo bien. Internet está lleno de tutoriales que asumen que sabes lo que haces o que directamente no funcionan. Este post es lo que yo habría querido leer hace dos meses.
n8n es la herramienta de automatización que tenía que haber instalado antes. Sin código, self-hosted y con 400 integraciones. Aquí están los flujos que uso de verdad en mi homelab.
Tengo una confesión: compro más libros de los que leo. Físicos, ebooks, audiolibros, lo que sea. El problema es que los tenía desperdigados por todas partes: Kindle, Audible, Google Play Books, archivos CBZ en carpetas random del NAS.
Hasta que monté Audiobookshelf y Kavita en el homelab. Ahora tengo una biblioteca digital centralizada, accesible desde cualquier dispositivo, con sincronización de progreso y sin depender de Amazon.
Te cuento cómo lo hice, qué aprendí, y por qué creo que es una de las mejores cosas que he montado en el homelab.
Tres ZimaBoard 2, una VPN mesh y ganas de sufrir. Así monté un clúster Kubernetes de producción que consume 20W y corre 34 pods. Tutorial paso a paso con todo lo que funcionó y lo que no.
Llevo un año con Grafana y Prometheus corriendo en mi homelab y es probablemente una de las cosas que más uso a diario. No porque sea bonito (que lo es), sino porque me he ahorrado un montón de problemas al ver las cosas antes de que exploten.
Te cuento cómo lo tengo montado, qué métricas vigilo, y sobre todo, los errores que cometí para que tú no los repitas.
Una aclaración rápida: Grafana no sustituye a un dashboard de accesos. Para abrir servicios y ver enlaces uso algo tipo Homarr. Para una pantalla que pueda usar cualquiera en casa prefiero un panel familiar de Home Assistant. Grafana lo reservo para lo que sabe hacer bien: métricas, logs, tendencias y alertas.
Google Photos lleva años con mis recuerdos en sus servidores. Lo cambié por Immich corriendo en mi cluster K3s. Te cuento cómo lo monté, qué funciona, qué no, y por qué no volvería atrás.