Antes de Tailscale tenía un servidor WireGuard en casa. Funcionaba, pero mantenerlo era un trabajo constante: añadir peers a mano, gestionar claves, actualizar la configuración cada vez que un dispositivo cambiaba de IP. Cuando lo dejé de lado durante tres semanas y volví a intentar conectarme desde fuera, tardé una hora en recordar cómo había configurado todo.
Eso fue hace dos años. Desde entonces uso Tailscale y no he mirado atrás.
Tailscale es probablemente la herramienta que más ha cambiado cómo gestiono mi homelab. La idea es simple: crea una red mesh privada entre todos tus dispositivos usando WireGuard por debajo, sin que tengas que configurar ningún firewall ni abrir puertos. Funciona detrás de NAT, funciona con CGNAT, funciona en casi cualquier sitio.
El problema es que Tailscale, la empresa, controla el servidor de coordinación. Ese servidor no ve tu tráfico (está cifrado end-to-end), pero sí gestiona la autenticación y el intercambio de claves públicas. Si Tailscale cierra, cambia precios o decide que tu caso de uso no les interesa, tienes un problema.
Pasé dos años muy tranquilo con Pi-hole. Funcionaba, bloqueaba anuncios, tenía buenas listas comunitarias y no me daba problemas. Pero hace unos seis meses, mientras reorganizaba mi stack de red, decidí probar AdGuard Home “por curiosidad”. Ese “por curiosidad” lleva seis meses funcionando en producción y Pi-hole lleva seis meses sin arrancar.
Esta no es una entrada sobre que Pi-hole sea malo. Es sobre que AdGuard Home encaja mejor en mi caso concreto, por razones específicas que intento explicar aquí.
Llevo años con ambos sistemas en producción. UniFi tiene la mejor experiencia de usuario que existe en prosumer. MikroTik tiene una potencia que ningún router de consumo puede tocar. Y los dos me han dado problemas que no esperaba. Aquí va lo que aprendí.
He usado WireGuard a pelo y Tailscale. Los dos me gustan, los dos resuelven problemas reales y los dos se convierten en mala elección si los usas por postureo técnico. Te cuento cuándo elijo cada uno y por qué dejé de buscar una respuesta universal.
Llevo años usando Pi-hole en mi red doméstica y es una de esas cosas que instalas una vez y te preguntas cómo vivías sin ella. Ver cómo desaparecen los anuncios de todos los dispositivos conectados (móviles, tablets, smart TVs) sin tocar nada en ellos es satisfactorio. Y cuando le añades Unbound como DNS recursivo, conviertes tu homelab en una fortaleza de privacidad.
Esta guía nace de mi experiencia real. He pasado por varios despliegues de Pi-hole (en Raspberry Pi, en containers Docker, en VMs) y he cometido todos los errores posibles. Aquí te cuento lo que funciona.
Tengo un Mac mini que uso como servidor principal. Está siempre encendido. Pero también tengo tres ZimaBoards que forman parte de mi cluster K3s. Esas máquinas consumen poco (10W cada una), pero cuando no las necesito, las apago. El problema: cuando las necesito, están en otro cuarto.
Podría levantarme, ir al cuarto, pulsar el botón de encendido. O podría enviar un paquete mágico por la red que las despierta automáticamente. Segundo escenario, por favor.
Durante años usé el router que me dio mi ISP. Un Huawei cualquiera que hacía lo básico: NAT, DHCP, WiFi malo. Funcionaba.
Cuando empecé a montar el homelab en serio, ese router se quedó corto. Quería VLANs, VPN, IDS/IPS, control granular de tráfico. El Huawei no podía con eso.
Tenía dos opciones: pfSense o OPNsense. Leí 40 comparativas. Todas decían cosas diferentes. Al final probé los dos.
Durante 6 meses tuve pfSense en producción. Luego otros 6 meses OPNsense. Ahora uso OPNsense y no pienso volver.
Tengo 47 dispositivos conectados a mi red. Entre servidores, móviles, tablets, bombillas Hue, enchufes inteligentes, impresoras, la TV… es un caos. Y hasta hace un mes, todos estaban en la misma red. Todos podían verse entre sí.
Eso incluye la bombilla del salón pudiendo hablar con mi Synology donde guardo contratos y documentos fiscales. No es que la bombilla vaya a hackearme, pero el firmware lo fabrica una empresa china que nunca ha oído hablar de actualizaciones de seguridad.