Tenía un sistema de cámaras de vigilancia barato conectado a una app del fabricante que guardaba las grabaciones en su nube. Funcionaba. Veía las notificaciones, podía revisar lo que había grabado, y en general hacía lo que prometía. El problema era que no sabía exactamente qué hacía el fabricante con esas grabaciones, la app dejó de funcionar bien después de una actualización, y cuando intenté exportar mis propias grabaciones resultó que el proceso era más complicado de lo razonable.
Tengo un cajón de despacho que durante años fue la representación física del caos. Cables USB de todas las épocas, tornillos de tamaño desconocido, adaptadores de dudosa procedencia, baterías que igual están cargadas o igual llevan vacías desde 2021. Cada vez que necesitaba algo concreto tardaba cinco minutos en buscarlo y otros cinco en recordar que no estaba ahí.
Probé cajas de plástico compradas. Probé divisores de cajón de bambú. Probé sobres de plástico etiquetados. Todo funcionaba más o menos hasta que movía una cosa y el resto quedaba desordenado.
Antes de Tailscale tenía un servidor WireGuard en casa. Funcionaba, pero mantenerlo era un trabajo constante: añadir peers a mano, gestionar claves, actualizar la configuración cada vez que un dispositivo cambiaba de IP. Cuando lo dejé de lado durante tres semanas y volví a intentar conectarme desde fuera, tardé una hora en recordar cómo había configurado todo.
Eso fue hace dos años. Desde entonces uso Tailscale y no he mirado atrás.
Durante mucho tiempo tuve Proxmox con varios nodos pero sin HA configurado. Cada nodo vivía su vida: si se caía el nodo donde estaba corriendo mi agente de Gemology, ese servicio desaparecía hasta que yo me daba cuenta y lo encendía manualmente. Con dos o tres VMs es tolerable. Con más de diez servicios corriendo, te quedas sin noches tranquilas.
Proxmox High Availability es el mecanismo que permite que cuando un nodo falla, las VMs que tenía ese nodo se reinicien automáticamente en los nodos que siguen vivos. No es migración en caliente, que eso requiere hardware y configuración diferente. Es reinicio: la VM se apaga en el nodo que falla y se arranca en otro nodo del cluster. Para la mayoría de servicios del homelab, eso es suficiente.
Tenía Netdata. Luego tuve Prometheus con Grafana. En algún momento llegué a tener los dos corriendo a la vez porque no me decidía a migrar del todo. Los dos hacen bien su trabajo, pero los dos tienen el mismo problema: son herramientas grandes, con mucha configuración, y cuando tienes más de cinco servidores, mantener esa infraestructura de monitorización ya se convierte en un trabajo aparte.
Hace unos meses empecé a ver Beszel en varios foros de homelab. La propuesta es distinta: un hub central que recoge métricas de agentes ultra-ligeros instalados en cada máquina. Sin bases de datos externas, sin configuración de exporters, sin Grafana necesario. El hub guarda los datos internamente con SQLite, y la interfaz web ya viene incluida.
Dejé Dropbox después de que subieran el precio por tercera vez y la versión gratuita pasara a limitar el número de dispositivos. No fue una decisión difícil, pero sí me obligó a buscar una alternativa real, no solo otro servicio de nube con mejor precio.
La diferencia con lo que buscaba era simple: quería que mis archivos fueran de un dispositivo a otro directamente, sin pasar por un servidor de nadie. No porque tenga algo que ocultar, sino porque prefiero no depender de que una empresa decida cuánto cobrar el año que viene.
Tengo la tendencia de añadir servicios al homelab más rápido de lo que los documento. En algún momento dejé de saber de memoria qué estaba corriendo en qué servidor, en qué puerto, y con qué URL accedía a cada cosa. El día que quise mostrarle el homelab a un amigo me quedé en blanco intentando recordar la URL de Grafana.
Eso me llevó a buscar un dashboard. Probé cosas durante un tiempo, desde soluciones muy básicas (una página HTML estática con links) hasta Heimdall y Homer, que son los más conocidos. Heimdall tiene buena pinta pero me pareció demasiado manual. Homer es sólido pero vive en un YAML y cada cambio requiere editar el fichero y recargar.
Portainer lo usé durante un par de años. Es una herramienta sólida, madura, y que hace cosas que Dockge no hace, como gestionar Kubernetes, gestionar nodos Docker Swarm, o tener control de acceso por roles. Si gestionas infraestructura de empresa o un cluster complejo, tiene sentido.
En un homelab personal, sin embargo, Portainer me empezó a resultar pesado. No por los recursos, que son mínimos, sino por el modelo mental. Portainer quiere gestionar tus contenedores, tus redes, tus volúmenes, tus imágenes. Tiene su propia capa de abstracción por encima de Docker. Y cuando algo no va como esperas, a veces es difícil saber si el problema está en tu configuración, en Portainer, o en Docker.
Tuve una historia de amor y odio con los backups durante años. Amor porque siempre tenía la intención de montarlo bien. Odio porque cada solución que intentaba tenía algo que me echaba atrás: demasiado complicada, demasiado lenta, imposible de verificar, o que dejaba de funcionar en silencio durante semanas sin que yo me enterara.
Rsync para hacer copias de directorios. Duplicati con su interfaz web que prometía mucho y entregaba poco. Borg Backup, que es técnicamente excelente pero que tiene una curva de aprendizaje suficientemente pronunciada como para que lo dejara a medias dos veces.
Llevo tres años cambiando de hardware homelab y cometiendo los mismos errores que todos al principio. Empecé con una Raspberry Pi, di el salto a un PC viejo de torre, y después de varios recorridos y facturas de luz más altas de lo que me esperaba, llegué a los mini PCs. Hoy mi homelab principal corre sobre un Minisforum MS-01 y un par de nodos más pequeños, y estoy razonablemente contento.
Durante años fui usuario de Plex. Lo consideraba la solución definitiva para tener mi biblioteca de películas y series accesible desde cualquier dispositivo. Luego llegaron los cambios en las condiciones del servicio, la cuenta online obligatoria para acceder a tu propio servidor en red local, y la dirección cada vez más claramente orientada a convertirlo en otra plataforma de contenido de pago.
No digo que Plex sea malo. Sigue siendo muy bueno en muchas cosas. Pero cuando empecé a investigar alternativas, encontré Jellyfin y me di cuenta de que no necesito Plex para lo que yo hago.
Hay herramientas que uno descubre tarde y piensa: ¿cómo estuve tanto tiempo sin esto? Cockpit es una de ellas.
La descubrí por casualidad mientras buscaba una forma de gestionar mis servidores Debian sin tener que conectarme por SSH para cada cosa pequeña. No quería Portainer porque no todo lo que corre en mis servidores es Docker. No quería montar otra aplicación en K3s solo para ver el estado de una máquina. Quería algo nativo, ligero y que funcionara sin fricción.