Llevo un año con Grafana y Prometheus corriendo en mi homelab y es probablemente una de las cosas que más uso a diario. No porque sea bonito (que lo es), sino porque me he ahorrado un montón de problemas al ver las cosas antes de que exploten.
Te cuento cómo lo tengo montado, qué métricas vigilo, y sobre todo, los errores que cometí para que tú no los repitas.
Una aclaración rápida: Grafana no sustituye a un dashboard de accesos. Para abrir servicios y ver enlaces uso algo tipo Homarr. Para una pantalla que pueda usar cualquiera en casa prefiero un panel familiar de Home Assistant. Grafana lo reservo para lo que sabe hacer bien: métricas, logs, tendencias y alertas.
He cometido el error dos veces ya. Montar algo “rapidito” en Docker Compose, que crece, se complica, y termino pasándolo a Kubernetes porque ya no puedo gestionarlo. Luego está el error contrario: montar un cluster K3s completo para hostear un solo contenedor que perfectamente podría vivir en un docker-compose.yml de tres líneas.
Después de gestionar ambos sistemas durante años en mi homelab (ahora mismo tengo varios equipos con Compose y un cluster K3s de tres nodos en ZimaBoard 2), creo que finalmente entiendo cuándo usar cada uno. Spoiler: no es solo “Compose para cosas simples, Kubernetes para lo complejo”. Es más sutil que eso.
Google Photos lleva años con mis recuerdos en sus servidores. Lo cambié por Immich corriendo en mi cluster K3s. Te cuento cómo lo monté, qué funciona, qué no, y por qué no volvería atrás.
Tengo 6 servicios expuestos a Internet desde mi homelab. Cero puertos abiertos. HTTPS automático. Protección DDoS gratis. Todo con Cloudflare Tunnels. Te cuento cómo.
Tengo 40+ dispositivos en una red mesh con Tailscale. Cero puertos abiertos, cero mantenimiento, y accedo a todo mi homelab desde cualquier parte del mundo. Te cuento cómo.
El ZimaBoard 2 prometía ser el SBC perfecto para homelabs. Lo tenemos en producción 24/7 desde hace meses, y no todo es tan bonito como en los vídeos de YouTube.